por Guy Briole:

Cualesquiera que sean los progresos de la medicina, y son innegables, se puede pensar que no eliminaran el dolor del campo de la experiencia humana. De nada sirve negarlo o refugiarse detrás de la responsabilización del enfermo en la gestión de su dolor, todos los cuidadores, del enfermero al médico, saben que no hay verdad del dolor. Aunque la medicina haya cernido las causas y los mecanismos pertinentes para comprender y tratar el dolor, este sigue siendo eminentemente subjetivo.

Más allá de las clasificaciones – dolores orgánicos o psíquicos, mixtos en diferentes proporciones y modalidades – cuando un sujeto tiene dolor, el dolor existe. Es de esta existencia que el sujeto se queja. La queja no es proporcional al dolor y, incluso en el más orgánico de los dolores, hay una parte que escapa al cálculo del Otro porque el dolor no es nunca proporcional a la lesión.

El dolor ha podido ser un « aliado » para los médicos en el sentido de que le daba las indicaciones para el diagnóstico o evolución de una enfermedad, en el posoperatorio por ejemplo. Mientras tenía este estatuto, el paciente debía aceptar su presencia, estaba tomado en la transferencia al médico. Concernía a su acto y en este sentido era asumido por el médico en una relación de confianza.

Las evoluciones culturales, la relación al cuerpo, la puesta en causa de la aceptación del dolor, han modificado los papeles de cada quien. Para separarse de la subjetividad que siempre habita el dolor, el médico lo ha hecho entrar en un protocolo que incluye la distribución de analgésicos, incluidos los morfínicos. Es así que el dolor ha sido entregado al campo del paciente: ¡que lo resuelva el mismo!

Sin embargo  el médico no puede librarse tan fácilmente, con este juego de manos. El dolor sigue siendo un dato que hace señal de lo que el protocolo analgésico no reabsorbe. El dolor es siempre real. El dolor está allí, tan verdadero como imposible de traducir en palabras. Trastorna la relación del sujeto con su cuerpo como imagen y hace fracasar la ilusión de completitud.

El dolor es el dolor de un sujeto. Un sujeto que tiene su historia, sus traumas, sus antiguas heridas. Así, para el sujeto que se queja, el dolor engendra también una demanda; de alivio por ejemplo. Pero, es siempre también demanda de otra cosa: de amor, de reconocimiento… Así la queja no se superpone a la demanda, hay siempre un intervalo.

El médico sigue siendo aquel al que el enfermo se dirige en la transferencia que genera – por su saber y por su persona – y del que la ética desearía que no se hurte a la relación con el paciente.

Es más allá de toda ley.

 

Guy Briole escribió este texto para el trabajo preliminar del “Tenemos que hablar” 3ª edición, en respuesta a una pregunta de la comisión:

Cita del texto de referencia:

Por otra parte, también hay un peligro real de que los profesionales, amparándose en el respeto a la autonomía del paciente, desistan de defender la opción que crean mejor y acepten pasivamente la decisión del enfermo. Eso sería una especie de abandono del paciente, razonado como respeto mal entendido; una dimisión de la ayuda que se espera de su profesionalidad. Los profesionales tienen que pensar que tienen un papel en la vida de los pacientes, que forman parte de las variables que conforman su libertad de decisión, y que no tienen que ahorrar esfuerzos por hacer ver los motivos de la oferta de hacen. Cuando los profesionales se muestran sinceramente preocupados por el bienestar de los pacientes, pueden tener más capacidad para cambiar decisiones que entienden erróneas”. Pág. 1

http://comitedebioetica.cat/wp-content/uploads/2012/10/rechazo_tratamiento1.pdf

Tenemos que hablar 3:

En este párrafo se señala con mucha precisión el punto de corte de la implicación profesional. Nos parece una reflexión muy útil porque se olvida con frecuencia en la medicina altamente tecnificada: ¿cómo el profesional podría manejar su creencia en la mejor opción cuando esta ha sido rechazada, pero sin coaccionar al paciente? ¿Cómo manejar el hecho de que – lo quiera o no – el profesional juega un papel en la vida del paciente?