por Araceli Teixidó
En la antigua Grecia el significante pharmakos designaba a la persona sacrificada en una comunidad con el fin de resolver la amenaza que se cernía o se podía cernir sobre ésta[i]. El pharmakos era la víctima expiatoria donde el sacrificio supone tratar el mal que amenaza al grupo[ii].
En el contexto de trabajo de un cártel sobre psicoanálisis y prescripción médica en psiquiatría, mi curiosidad se dirigió al trayecto realizado entre los dos usos del significante: del pharmakos de la antigua Grecia al fármaco de la actualidad[iii].
El sacerdote
Antes de la ciencia, también las enfermedades tenían tratamiento, de modo general se puede afirmar que el sacerdote o chamán era el encargado de llevarlo a cabo. Las enfermedades eran tratadas y podían ser curadas ¿Por qué curaban? o ¿qué trataban aun cuando no tenían remedios científicos? En mi tesis desarrollé la idea de que eso se debía principalmente a que el sacerdote se encargaba de tratar el goce[iv]. El goce, el sufrimiento, el mal en uno mismo, era aceptado como parte de la vida y tratado en sus disrupciones. El tratamiento se realizaba mediante palabras y algunos actos, el sacrificio de algo o alguien privilegiadamente. Había, finalmente, un goce no tratado que se drenaba, se transfería, sobre la figura del sacerdote y así era asumido por él mismo. Una inquietante extrañeza se condensaba sobre el que era capaz de operar con el mal. Así, por ejemplo, en algunos lugares, los sacerdotes no podían ser enterrados en tierra sagrada. Un resto transferencial era asumido por ellos al devenir lo rechazado[v].
El pharmakos
En su texto, Briole sitúa en primer lugar, el estadio del espejo y el complejo de intrusión lacanianos para explicar la agresividad inmanente a la relación humana y también el mecanismo victimario de René Girard[vi] con el que se describe de qué modo la resolución de una crisis imaginaria se realiza por vía de la concentración de la violencia sobre un solo individuo. Ese individuo deviene una víctima sacrificial y será portadora de dos rasgos: tener un valor para los dioses a los que será sacrificado, pero también ser culpable al menos sobre un punto. La culpabilidad recaerá sobre la diferencia respecto del ideal del grupo.
Otra cuestión planteada es la de que la víctima del sacrificio condensa un goce ignorado por la comunidad que se atribuye al deseo de un Dios Oscuro. Esa atribución permite el desconocimiento de la parte de goce que corresponde a quien reclama el sacrificio. En el caso de las agresiones contra los profesionales, si pensamos en ellos como víctimas expiatorias de un goce no tratado, la obligación de éstos de denunciar al agresor, impide el trabajo de aproximación al inconsciente. Podemos afirmar que se trata de una torsión por la que el agredido consolida su papel de víctima y se asegura asimismo de eludir el saber sobre su participación en la resolución de la tensión agresiva.
A veces puede ser necesario denunciar, pero si la denuncia se practica por protocolo, puede impedir francamente el tratamiento por el saber. Se niega el saber posible ante el deseo de un Otro oscuro que condujo irremediablemente al tratamiento sacrificial. Briole destaca cómo las éticas tradicionales apuntan a un sentido filosófico o religioso del sacrificio – podemos pensar que con ello también se vela o ignora el goce en juego, pero no necesariamente se forcluye -.
La apuesta del psicoanálisis es radicalmente distinta y apunta al tratamiento del goce por el saber. Pero nos falta todavía una conexión entre el sacrificio y el psicoanálisis.
El fármaco
Cuando Grecia abandonó el uso de los sacrificios, el término pharmakos pasó a designar un veneno o remedio, uso acorde al actual: fármaco es un producto que provoca y que trata el mal, las dos cosas. Sin embargo, ¿de qué mal se trata cuando el practicante se alinea con la ciencia?
En la actualidad, el mal se identifica a la enfermedad y se trata a través de fármacos, todo lo que no se reduce a la enfermedad biológica no es considerado por la medicina científica ¿De qué modo se trata el resto que el fármaco no elimina? Por ejemplo, se puede curar una infección con un fármaco, pero si esa enfermedad supone un quantum de angustia al paciente, el médico considerará a ese quantum como algo sin interés, algo banal, que se aplicará a suprimir. Posiblemente con otro fármaco. El goce, el sufrimiento, el mal en uno mismo y, o no se considera algo a tratar, o bien se considera algo a eliminar para una vida que idealmente no debe tener disrupciones. Por ello, el resto no se considera algo a asumir por el profesional y recae de nuevo sobre el paciente o esa angustia residual será tratada de nuevo con fármacos.
El lugar de la palabra en el tratamiento farmacológico
No siempre el goce considerado residual se trata con un fármaco. En su conferencia de Comandatuba[vii], Miller señala que el tratamiento del síntoma en la actualidad está desdoblado, y que esto consiste en que mientras se trata con bioquímica, queda un residuo que se trata por el sentido mediante la palabra. La vía del sentido toma dos formas privilegiadas: una escucha de puro semblante a la que se da valor de acompañamiento y, la otra, la escucha autoritaria de las TCC.
Por tanto, observamos una diferencia en la consideración del goce: el goce y la transferencia eran incluidos en el tratamiento en la antigüedad y hasta mitad del siglo XX. El goce y la transferencia se excluyen a partir de la aparición de los fármacos de la ciencia.
¿De qué modo concierne esto al psiquiatra? No podemos avanzar en esta respuesta sin los propios psiquiatras, el cártel posiblemente dé otros frutos que nos ayuden a avanzar en esta cuestión. Pero continuemos en lo que se refiere al eje de este texto, que se dirige a la operación de goce que supone el cambio de significación del significante fármaco.
Veamos ahora de que se trata en la escucha analítica.
Sacrificio y psicoanálisis
Retomemos el significante sacrificio que fue introducido al principio de este trabajo. Ahora desde la perspectiva del sacrificio histérico. Sabemos que la histérica apunta a dividir el saber del amo, pero el precio que paga por ello es su propio sacrificio, la enfermedad conversiva por la que su cuerpo revela la verdad que fracasa.
La histérica y su sacrificio, son el nudo en el que Freud operó[viii]. Donde la histeria apuntaba a dividir al amo interrogándole y obligándole a producir un saber, Freud se dirigió a la histérica para preguntarle por su responsabilidad en la escena denunciada[ix] cambiando el signo del conocimiento e inaugurando por esta vía un nuevo orden en el saber.
Se trata de una operación que supone la traducción del goce en un saber nuevo, propio e íntimo. Sabemos, después de Lacan, que esa traducción se fundamenta en una operación de lectura del deseo del Otro que el analista se presta a encarnar. O, más avanzada la enseñanza de Lacan, una operación de lectura del goce pulsional que el analista se presta a encarnar[x].
El fármaco condujo a una operación de forclusión
En 2024, Eric Laurent plantea que, en la ilusión cientificista, la actividad humana se reduce a comportamientos objetivables lo que alimenta el sueño de un saber absoluto que alcanzaría el cálculo del deseo del Otro y por esta vía cubriría el ámbito diagnóstico y de los tratamientos mediante algoritmos que no suponen ningún saber científico previo.
Que se suponga alcanzar el cálculo del deseo del Otro, significa una nueva vuelta forclusiva pues recordemos que al inicio decíamos que el sacrificio se refería al deseo de Otro que exigía ese goce y que hemos insinuado, en el punto anterior, que el manejo de la transferencia es la operación analítica que sirve para vislumbrar que ese goce nunca fue el del Otro o que no hubo Otro que en última instancia lo exigiera.
Sabemos que el sueño cientificista no es ciencia ficción, observamos que, en la práctica médica, los test de screening de deterioro cognitivo o de trastorno mental, por ejemplo, son aplicados por profesionales no especialistas en neurología ni en salud mental y autorizan la prescripción farmacológica sin más comprobación. Es lo que Laurent mismo explica cuando cita a críticos de la Medicina Basada en la Evidencia: El efecto de adopción de los protocolos universales de prescripción ha sido la de “destruir la espontaneidad terapéutica de la psiquiatría y atenuar el arte de prescribir, que pasa así de ser creativo y flexible a ser mecánico y uniforme. En consecuencia, no tenemos necesidad alguna de que los prescriptores de psicotrópicos estén médicamente cualificados”[xi]. Pero Laurent plantea algo nuevo y es que los algoritmos del cálculo masivo de lo íntimo … … matan al sujeto [se refiere al profesional] ya que no dejan lugar alguno para esa angustia constituyente de la soledad del acto[xii].
Se considera útil reducir la angustia, pero la farmacológica no es la mejor solución cuando apunta a eliminarla totalmente y sin producir saber.
Del pharmakos al fármaco se deslizó una operación de forclusión del tratamiento del goce, pero también se apuntó a una operación de forclusión del saber del médico y, en la misma operación, se forcluyó su angustia. Ésta, a falta de poder ser traducida en saber, será también tratada con fármacos.
El lugar de la palabra en el tratamiento farmacológico
Lo planteado por Miller en “Una fantasía” introduce la vía del psicoanálisis donde no se trata ni de acompañar, ni de dominar como en los tratamientos compasivos o las terapias cognitivo-comportamentales. Pero en ese caso, el recurso a la palabra no apunta al resto de la operación farmacológica, sino que le antecede y le da su marco.
Un último apunte: ninguna promesa para el practicante, el difícil lugar de exclusión que esperaba al sacerdote le puede ser asignado. El psicoanálisis le ofrece, a él en primer lugar, poder saber de la inquietante extrañeza que le habita para no quedar identificado a ella como resto de la operación.
[i] Este Trabajo es producto del cártel: El lugar del psicoanálisis en la medicación compuesto por psicoanalistas y psiquiatras. Título de mi eje: Dar nada. Tuvo lugar en Barcelona del 10 de octubre del 2023 al 1 de octubre de 2025
[ii] Briole, G. El pharmakos en el siglo XXI Texto presentado por el autor en el Seminario Hacia Pipol 7 en Barcelona en junio de 2015. Cedido amablemente por el autor. Publicó un texto más breve en Lacan Quotidien num. 517 con el título Le pharmakos au XXI siècle.
[iii] Nota
[iv] Teixidó, A. Una crítica del principi d’autonomia des de la perspectiva de la psicoanàlisi. El cas de la violència contra els professionals sanitaris https://www.tesisenred.net/handle/10803/454837#page=1
[v] El origen etimológico de sacerdos es segregado
[vi] Girard, R. La violencia y lo sagrado. Anagrama. Barcelona, 2005 p. 338
[vii] Miller, J.-A. “Una fantasía” en Revista El psicoanálisis, núm. 9 pág. 16
[viii] Ejemplos claros serían el de Elisabeth von R. en los Estudios sobre la histeria, o el caso Dora, en “Fragmento de análisis de un caso de histeria”.
[ix] Lacan, J. “Intervención sobre la transferencia” Escritos 1 Siglo veintiuno. Madrid, 1997 p.208
[x] Lacan, J. Seminario 17. El reverso del psicoanàlisis Paidós. Buenos Aires, 1992
[xi] Laurent, E. “La ilusión del cientificismo, la angustia de los sabios” en Virtualia, num. 44, p. 4
[xii] Laurent, E. “La ilusión del cientificismo, la angustia de los sabios” en Virtualia, num. 44, p. 3
