por Araceli Teixidó

Extracto del texto leído en la presentación del libro de Santiago Castellanos «La experiencia del dolor y los lenguajes del cuerpo. Fibromialgia y dolor crónico» – Publicado en el Blog de la ELP

El valor de la palabra del paciente o las palabras las carga el diablo

En su texto, Santiago Castellanos destaca el valor de la palabra del paciente, recogiendo ese algo, también invisible, que la palabra lleva consigo.

El valor de la palabra es, en primer lugar, el valor de una verdad que se liberará al hacer hablar al dolor. Pero después, ese valor de la palabra es valor de goce, lo que tiene que ver con lo que llama: “las palabras las carga el diablo”Las palabras las carga el diablo, las carga el dolor, las carga la herida y eso las hace siempre diferentes a sí mismas.

Esto es difícil de asumir en medicina donde existe el sueño de una conversación sin resto. A medida que las curas progresan, se decanta en la transferencia un resto de libido que la palabra no atrapa. Un resto que, podríamos decir, es la carga diabólica que lleva la palabra y que no se prevé mientras habla la verdad del dolor.

Y explica el valor de pharmakon que tiene la palabra: veneno y antídoto.

Recientemente escribí un texto que incluía un trabajo sobre este significante, pharmakon, y me preguntaba por qué en la significación actual había pasado solo como remedio. Castellanos agrega un dato que me pareció de sumo interés: los traductores latinos tomaron solo el lado positivo, sorteando la paradoja que supone su doble acepción. Entonces podemos pensar que en medicina también, al modo del traductor latino, al poder evitar el dolor con fármacos, se evitaban tenerlo que escuchar.

Un nombre más actual de lo diabólico es tóxico, significante que nos acerca de la mano de Clotilde Léguil y que toma el otro lado del pharmakon. Hoy tenemos el veneno en las palabras y los fármacos como antídoto, separados.

El modo en que las palabras se encarnan en cada cuerpo es singular, “no pudiéndose establecer una ley que nos diga de qué modo se va a producir el enlace”. Nos encontramos en un punto de máxima oposición al lenguaje científico. Lejos de la fórmula universal, sólo el paciente podrá dar cuenta de ello. Así tendremos al que, “en la cresta de la ola, experimenta las mieles del goce fumando con Dios y con Satán”

El antídoto para eso tóxico del lenguaje es el deseo de saber

En el caso María cuando Castellanos le señala que habla del alcoholismo de su marido como si no le diera importancia, esa intervención le permite a ella desarrollar la historia hasta llegar a saber de la relevancia de este insoportable que pasa por el alcoholismo paterno. Entonces se percata de que sigue quejándose cuando el marido ya ha cedido en el propio alcoholismo. Es decir, las palabras seguían cargando un veneno que ya no correspondía. Y es cuando puede saber de eso que podrá empezar a hacer algo distinto con su vida. Y encuentra un significante, confianza, con el que podrá ir saliendo del atolladero.

¿Qué es lo diabólico, lo venenoso, lo tóxico que las palabras cargan?

¿Qué tipo de diablo, veneno o tóxico es ese que hoy aparece en el decir de muchos sujetos para hablar de sus relaciones personales? Por supuesto, se trata del goce. Goce como “lo contrario del término placer […] designa la ruptura.

Las palabras de la vida, del dolor, las palabras de los pacientes, y también la de los médicos, van cargadas de goce. A pesar de que la medicina se pueda escribir o se pretenda escribir con las fórmulas del lenguaje científico, los sujetos que la habitan y que son también sus objetos, se expresan con palabras que …

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